viernes, 18 de agosto de 2017

EN EL PAIS DE LAS NUBES. NAMASTE NEPAL.

Este viaje me ha regalado muchísimos días especiales, pero el día de hoy, 10 de Julio de 2017, tiene una connotación  especial. Tras muchos meses de viaje y miles de kilómetros a mis espaldas, hoy entraré en bicicleta a Nepal. Aún me quedarán muchos kilómetros para llegar a kathmandú pero cruzar la frontera entre India y Nepal va a ser sin duda algo que nunca olvidaré.
Abro bien lo ojos, ensancho el alma y me pongo en camino hacia la consecución de un sueño.

10 de JULIO –  21 de AGOSTO (NEPAL: BHIMDATTA - KATHMANDU) 820 KM
Salgo de Khatima, (última ciudad India antes de entrar a Nepal por su frontera Oeste)  tranquilo, que las prisas no son buenas. Los 20 kilómetros hasta la frontera los disfruto con la serenidad de estar culminando una etapa decisiva del viaje.
En la frontera, tras el trámite del sello de salida de India y el de entrada a Nepal, obtengo el visado.  Lo tengo, está en mi poder. Subo sobre Polaris y doy las primeras nepaladas.
Solo he recorrido varios kilómetros pero ya percibo varios cambios significativos. El silencio ha vuelto al viaje. La carretera es silenciosa, sin camiones que me piten por la espalda ni me soplen la nuca al pasar. Tampoco veo montañas de basura apiladas y la poca gente con la que me cruzo me sonríen tímidamente mientras me lanzan un “Namaste. Wellcome to Nepal” que me hacen sentir inmejorablemente bienvenido.



La primera noche me quedo cerca de la frontera. He decidido tomarme un día tranquilo y descansar lo acumulado en India. También debo cambiar dinero, comprar una tarjeta sim nepalí, poner al día a mi Polaris. En fin, una puesta a punto antes de continuar el viaje.



Los primeros días se suceden muy tranquilos. No madrugo en exceso, el camino es llano (pronto cambiará la película) y la simpatía de l@s nepalíes hace que pedalear por esta zona sea una maravilla. Recorro la carretera del Oeste- Este que cruza todo el Terai, la zona baja de Nepal, desde donde se ven las faldas de la cordillera del Himalaya. Esta zona está llena de arrozales, el sustento principal de sus habitantes. Además en la época de monzón toca sembrar, así que todos los campos están llenos de personas trabajando. Me cruzo constantemente con vacas, búfalos, cabras, monos que andan a sus anchas, sin la necesidad de que nadie les ordene donde tiene que ir. Los yaks son empleados en zonas de alta montaña así que por el momento me toca verlos en fotos.








Hay días enteros que los dedico a cruzar los parques nacionales más grandes del país entre ellos el de Shulaphanta, Banke y el de Chitwan. Una experiencia maravillosa pedalear durante un día entero en la jungla. Un silencio absoluto que a menudo se rompe con los gritos de algún animal con ganas de darme un susto o con el de alguna moto que me adelantan en un pis pas. Todo el mundo me desaconseja dormir con la tienda de campaña en la jungla así que suelo quedarme en lodges, casas de familias nepalesas que alquilan alguna habitación de la casa. Buena oportunidad para vivir más de cerca su estilo de vida y charlar con ellos sobre asuntos de su día a día. Bueno, realmente la gran mayoría de la gente de esta zona no habla inglés. Normalmente hace de traductor el hij@ pequeñ@ de la familia, que va al colegio y está aprendiendo inglés. Es graciosísimo ver cómo un moco de 8, 9 años traduce a sus padres lo que voy diciendo y a la inversa. Para él supone una motivación muy grande, pues comprueba que lo que estudia en el colegio finalmente tiene un uso práctico. Me alegra servir de motivación.
La situación en la capital, kathmandú y en Phokara y las zonas de trekkings es totalmente distinta, ya que allí la fuente de ingresos proviene de los turistas y por lo tanto la mayoría de familias chapurrean al menos un inglés decente. Esta zona es diferente y a mí esto me encanta. Estar 12 días pedaleando por Nepal y no encontrarme con ningún otro occidental me encanta! Lo sé, cuando viajo a mi bola soy un poco radical con el tema turistas. No quiero ver a ningun@ (Si no viaja en bici, claro!!). Es lo que hay.  



Los días pasan poco a poco. A mitad del recorrido decido desviarme de la ruta y dirigirme hacia Lumbini, lugar de nacimiento de Siddarta Gautama Buda. Más que un pueblo se trata de un par de calles con varios lodges y un recinto enorme donde se encuentran el lugar de nacimiento de Buda, un estanque sagrado y muchos templos de algunos países (Shri Lanka, Mianmaar,…) donde acuden sus ciudadan@s a realizar retiros espirituales y meditaciones. El lugar encierra un ambiente muy especial, muy místico y disfruto el día recorriendo algunos de sus rincones.










Tomo nuevamente rumbo a Kathmandu y una duda se cierne sobre mi camino. El monzón ha producido como cada año numerosos corrimientos de tierra en las zonas altas. Por ahora me salvo pero para llegar a Kathmandú tendré que tomar alguna de estas carreteras y a día de hoy las noticias no son buenas. Intento no darle muchas vueltas al asunto pero es inevitable sentirme algo inquieto.
Durante los días en bici, siempre que paro en algún sitio a descansar entablo alguna conversación interesante. Cuando me preguntan de dónde vengo, suelo decirles que de New Delhi, y aún así la mayoría no me cree. Eso sí, cuando les digo que voy a kathmandú en bici, se produce el estallido de risas, llamadas a amigos y comentarios que no entiendo. Según me explican ellos mismos, los nepalis (lo mismo que en la india) se consideran bastante vaguetes. No entienden cómo me puede gustar “cansarme” en una bici (Les intento explicar el gusto de avanzar poco a poco, de sentirlo todo más plenamente, de hacer ejercicio, de tomarme el tiempo para conocer a la gente de los lugares por los que cruzo…  Pues eso, que se lo intento explicar pero no convenzo a nadie). Por lo que me cuentan, no les gusta aquello que signifique desgaste físico y por eso mismo, me comentan que no son muy buenos jugando al futbol O les llega el balón a los pies o no corre nadie.  Yo creo que exageran. He conocido mucha gente muy currela en Nepal, empezando por los porteadores y pasando por l@s que trabajan en los campos o atendiendo negocios que han levantado de la nada, como he podido comprobar estos días.
Uno de los días, paro  a descansar y comer algo. Me preguntan mi nombre y la casta a la que pertenezco. Les explico que no tengo casta, que nos vale con nuestros nombres y apellidos. Ellos se sorprenden y afirman que entonces todos somos iguales. "Pues sí, no tenemos castas, todos somos iguales", les respondo. Se quedan extrañados y parece gustarles la idea "wowww, tod@s iguales..". Cuando un rato más tarde, ya sobre Polaris, vuelvo a pensar lo que he dicho, me doy cuenta de lo equivocado que he estado. ¿Qué no tenemos castas? Claro que las tenemos. Clase alta, media y baja. Nos parecerán pocas... Castas económicas que son en un segundo plano lo mismo que las indias o nepalis. Grupos sociales con realidades totalmente diferenciadas, cada vez más alejadas entre sí y con menos puntos de encuentro entre ellas. Lo preocupante es que aquí casi nos han convencido que no es así, que todos tenemos los mismo derechos, que los pobres son los indios y nepalis con su injusto sistema de castas.

Depués de 3 días llego a Gaindakot, pueblo donde tengo la idea de desviarme y tomar la carretera hacia Kathmandu. Deberé seguir la orilla del rio Trishuli y subir un puerto de 1600m. Nada más llegar al pueblo se viene abajo el plan. El rio está desbordado y hay numerosos desprendimientos. Va  ser imposible tomar ese camino. Pregunto sobre la otra carretera, la que sube desde Hetaula. Me comentan que está mejor aunque es más dura ya que hay un puerto de 2000 y otro 1900m. Pero no tengo otra opción.
Al día siguiente recorro los 80 km que me separan de Hetaula. Paso allí la noche y pregunto sobre la carretera. Me dicen que hay algunos vehículos que están llegando desde Kathmandu pero que hay tramos complicados. Decido probar. La previsión del tiempo es malísima, con tormentas para todo el día, lo que hace que pase una noche algo movidita.




 A la mañana siguiente el Universo me sonríe y me da unas horas de sol.  A las 8 estoy de camino. Los primeros kilómetros son suaves pero repentinamente todo se complica. Pendientes de más del 20% hacen que tenga que poner el pie sobre las piedras del camino más de una vez y empujar a Polaris algunos tramos. En una parada que hago varias horas después me como 3 huevos cocidos que llevo en las alforjas, un kilo de mangos, 4 plátanos, un litro de sprite y otro de agua. Y aún me quedo como a medias. Sigo adelante. El camino es durísimo y por si fuera poco una tormenta estalla de repente. Un aguacero me cubre durante cerca de una hora y la niebla me impide ver el camino. Poco antes de llegar a la cumbre un último descanso. He subido en cuestión de horas desde los 500 m hasta los 2000m. Pero ha sido precioso. Ahora me toca un merecido descenso. Decido dejar para el día siguiente la llegada a kathmandu y por lo tanto el último día del viaje en bicicleta. Encuentro un sitio donde poner la tienda de campaña y paso la tarde con la gente que para en un pequeño restaurante de montaña cerca de donde estoy. A las 8 estoy en el saco pero me despierto muy pronto y me cuesta conciliar el sueño de nuevo. Muchos pensamientos invaden mi descanso, muchos recuerdos del viaje aparecen de repente, muchas de las personas que he conocido estos meses quieren saludarme a estas intempestivas horas de la noche.

A las 7 ya estoy de camino. Las primeras pendientes son durísimas. Encuentro varios tramos cortados que tengo que sortear. Siempre junto a brechas y  acantilados. La carretera parece que se suaviza y comienzo a disfrutar del día. Pero nuevamente la lluvia torrencial hace su presencia. Comienzo la bajada hacia el valle de kathmandu y las pastillas de los vbrake se han desgastado completamente con el agua, lo que me hace descender con muchísimo cuidado.









Finalmente diviso el valle de kathmandu. No me lo creo, allí a lo lejos se encuentra mi destino. Se me hace largísimo llegar a kathmandu. El valle es precioso, con numerosos templos budistas, pero la carretera está fatal. Barro por todos lados, camiones atascados, tráfico, caos. Polaris y yo estamos de barro hasta arriba y a pesar de querer disfrutar de estas últimas horas de viaje el cansancio y el estado de la carretera a veces nos lo impiden. Finalmente llegamos a Patán, barrio donde he quedado con Milan, la responsable de “Ear care Nepal”, lugar donde me quedaré estos primeros días.
El recibimiento sobrepasa mis expectativas. Una comisión me recibe con el ritual hinduista. La mancha Bindi en la frente, las ofrendas de bienvenida, el huevo y la sardina en la mano, los 3 chupitos de licor de arroz… Pronto me encuentro con un platazo de comida casera y ahí dejo de hablar durante un rato. Tengo un hambre atroz y lo primero es lo primero.














Cuando la casa se tranquiliza y me quedo solo, me doy mi tiempo para saborear el momento. Estos han sido mis últimos kilometros del viaje en bici. Compañera Polaris, gracias por todos estos meses de tan buena compañía. Ahora me toca llegar hasta las escuelas de Gorkha y Nuwakot a pie. Las carreteras están cortadas debido a que se encuentran en lugares muy montañosos y es completamente imposible acceder  ellas en bici. Igualmente el trekking hasta estas escuelas va a ser espectacular. Seguramente sea muy exigente y pasado por agua pero eso no me va a echar atrás ahora que ya estoy aquí.

Además ahora me vienen unos días de descanso y buena compañía. Después de varios días de aclimatamiento en kathmandu recibo la visita de Jone, que viene  a conocer Nepal y a disfrutar de casi dos semanas junt@s. Disfrutamos de 3 visitando los lugares más emblemáticos de la capìtal nepalí  (Swayanbunath, bodanath, pasupatinah, Baktapur,...).


























Después de unos días en kathmandú nos dirigimos a Pokhara para hacer dentro del Área de conservación del Annapurna el trekking del Poon Hill. Tenemos solamente 4 días así que descartamos ir a Mustang o al Campamento Base del Annapurna. Igualmente durante los días del trekking disfrutamos de las caminatas, de la gente tan especial que conocemos en el camino, de la lluvia, de las sanguijuelas, los logdes, las agujetas y todo lo que el Himalaya nos ofrece cada día. Y es que.....ESTAMOS EN EL HIMALAYA!!!!!!

















Los últimos días en bici se me hicieron demasiado largos debido al peso acumulado de la soledad. Estos días en cambio estoy feliz de poder disfrutar de este entorno inigualable y de la mejor compañía. Regresamos a Kathmandú y al día siguiente quedamos con Álvaro, responsable de Hugging Nepal, una de las asociaciones con las que "UNA PIZARRA PARA GORKHA" ha colaborado en la reconstrucción de la escuela Lamagaun, en el distrito de Nuwakot.
Pero eso os lo cuento en el próximo post, que os lo escribo estos mismos días. Ya mismo!!















































miércoles, 12 de julio de 2017

LA INDIA NO TIENE DESPERDICIO



Un sudor frio recorre mi frente, las piernas me flaquean, contengo el aliento, es mejor que no me mueva. Estoy a escasos minutos de salir con Polaris por primera vez a las calles de New Delhi y me han entrado unas ganas tremendas de cagar. Es más, lo que se viene encima va a ser una catarata de melancolías, un estruendo de onomatopeyas indecentes. Si muevo un solo milímetro de mi cuerpo, estoy perdido…

Pero retrocedo unos días atrás.

Estaba en Irán la última vez que escribí y sería injusto que pasase por alto esos días con tanta carga emocional. Pongo por lo tanto orden en el post y comienzo donde terminé. Mashhad. Ya habrá tiempo de hablar de cataratas.

27 de JUNIO –  10 de JULIO (NEW  DELHI – FRONTERA NEPAL)  680 KM

Llega el día de dejar Mashhad. Me espera un largo viaje por delante.

Con Polaris ya desmontada en una caja tomo un autobús hacia Teherán. En 14 horas recorro los 900 km que tardé 10 días en completar. Viajo de noche y gran parte del trayecto lo hago dormido. Al amanecer me reincorporo en mi asiento y cuando vuelvo a ver los parajes desérticos que hace una semana pedaleaba en dirección contraria se me agolpan un sinfín de sentimientos encontrados. Melancolía, tristeza, ilsión, decepción, esperanza. Todo lo que se me ocurre pensar es.... ¡¡¡Me voy a la India!!!!!

 Llego a Teherán y tras una historia un tanto rocambolesca con un tipo que quiere ayudarme con la bici, cojo un taxi y llego al aeropuerto Iman Homeini. No hay prisas, tengo 10 horas libres hasta la salida del vuelo. Leo, paseo, cabeceo,….. En el check-in tengo suerte. Nuevamente me libro de pagar los 10 kg de sobrepeso que llevo de equipaje.

En el avión me toca junto a un indio de los de turbante (Me encantan. Menudo porte que les da). Maravillosa ocasión para charlar y preguntarle mis dudas sobre La India. Lleva turbante porque es de la religión Sij, que se creó hace unos 500 años debido a las confrontaciones entre hinduistas y musulmanes. Son monoteístas y sus señas de identidad son el pelo largo enrollado (yo ya no entro, vaya), el peine para agarrarse el pelo, calzoncillos de algodón (que son muy finos ellos), pulsera de plata y una daga en señal de constancia y lucha (y que obviamente no lleva en el avión). Hablamos sobre la vida en la India, algunas costumbres, cuestiones a tener a en cuenta como la importancia de regatear cualquier cosa que compre o la de evitar andar de noche por zonas desconocidas.

India cuenta con un billón y 344 millones de personas. 26 veces la población de España, o casi 3 veces la de la Unión Europea. Como para decirle a un indio eso de “Ah, pues yo conozco a un chico de la india, igual le conoces!”. Hasta hace 70 años fue colonia británica (hace nada!). Gracias entre otr@s al liderazgo de Gandhi y a su resistencia pacífica consiguieron la independencia del imperio británico. La gran mayoría habla inglés y con muy buena gramática. Pero sinceramente, a muchísim@s de ell@s no hay quién los entienda. Tienen un acento fuertísimo que me tiene loco.

También me doy cuenta que he cometido una tremendo error. He salido de Iran con 120 Euros en Riales Iranis, con la idea de cambiarlos a Rupias indias en la India, pero según me informa este señor, en ningún país conseguiré que me cambien los riales iranis. La he cagado y bien. 120€ que no puedo usar hasta que vuelva a Iran. Así que ya sabéis, si algun@ os animáis a visitar Irán o conocéis a alguien que vaya a hacerlo, ponednos en contacto que nos podemos hacer un favor mutuo ;-)

Llego a New Delhi y lo primero que siento es un calor húmedo impresionante. Todo el equipaje ha llegado bien y pierdo bastante tiempo intentando encontrar un taxi que no me quiera robar por llevarme al hostel que tengo reservado en Ghaziabad, a 30 km del aeropuerto. Finalmente consigo uno por 20 dólares. Es caro pero es lo que hay. Son las 3 de la mañana, voy con una caja enorme y el hostal está lejos. El viaje en taxi me deja mudo. New Delhi de noche es un mundo aparte. Me sorprende la cantidad de gente durmiendo en la calle. También la suciedad y la cantidad de niñ@s que se ven solos, semidesnudos. Creo que voy a necesitar unos días para habituarme. También sé que esto es Delhi, la capital, y seguramente las condiciones de otras zonas de La India sean más tranquilas. Veremos.

Llego al hostel y después de una ducha, caigo como un plomo. Al día siguiente, después de desayunar tranquilamente en el hostel decido hacer mi primera incursión en la ciudad y hacerme poco a poco con el país, su gente, el tráfico, la comida. La verdad que la comida está buenísima y he pagado poco más de un euro. Por ahora, el agua, embotellada. El resto del día lo dedico a montar nuevamente a Polaris, a dejarla como nueva y a preparar las alforjas.

El segundo día hago ya una excursión como es debido a Delhi. Nada de taxis que ofrecen en el hotel. Tomo dos Tuctuc (triciclos motorizados muy típicos de la india, cubiertos y sin puertas) para llegar a la estación de metro y desde allí llegar a Old Delhi y Red Fort. Esto es la jungla! Aquí no hay necesidad de visitar ningún monumento ni edificio histórico. Aquí lo interesante está en la calle. Todo me llama la atención. El ruido de los claxons, la muchedumbre, las montañas de basura, el calor sofocante, los puestitos de comida ambulante, los templos hindús, los monos, las vacas y bueyes sueltos como en san Fermín, los olores de todos los colores,…





Me siento un rato en la plaza del Red Fort y comienzo a experimentar el gusto de l@s indi@s por tomarse fotos con los extranjeros. En 15 minutos se me han acercado más de diez grupos de chavales y varias familias para sacarse fotos conmigo. La verdad que son muy educad@s y en ningún momento me siento invadido, a pesar de que en varias ocasiones me colocan a un bebé en los brazos, me toman una foto y se alejan sin decir palabra. Um…yo no le encuentro el punto, pero bueno…(Eso sí, aquí como en Irán, en las fotos no sonríe naaaaadie. Gana el que más cara de pocker ponga).




Comentaos que el gentilicio de l@s nacid@s en la India es “indio o india” aunque a veces cause confusión con los aborígenes americanos. El calificativo “Hindú” hace referencia solamente a los que profesan el hinduismo y por lo tanto no a tod@s l@s nacid@s en La India. Aclarado esto, continúo.

De vuelta en el hostel solo tengo un temor en la cabeza. Cómo narices voy a hacer para salir mañana con Polaris por estas carreteras. La ruta la tengo clara pero el tráfico que he visto (autobuses grandes, pequeños, tuc tuc, Rickshaws –una bici con 3 ruedas-, motos, bicicletas, carritos, vacas motorizadas, caballos,…) hace que me sienta muy intranquilo.

Y así es cómo al día siguiente, después de desayunar y con todo preparado, me viene el sudor frio y los síntomas de una cagalera en condiciones, que  tengo claro es debida a los nervios. Pienso que se me va a pasar en cuanto salga con la bici y haga los primeros kilómetros. Eso espero, porque andar en bici por aquí y con diarrea tiene que ser de lo más entretenido. Antes me coso el culo.

Así que salto de la taza, me pongo mi indumentaria, le hago un arrumaco a Polaris y salgo del hostel. Pero upps… qué pasa? ¿Diluvia??? Ah, claro!! Se me había olvidado. He llegado en plena época de Monzón. Tres meses de lluvias torrenciales diarias. Qué ilusión. ¿No me quejaba del desierto iraní? ¡Pues aquí tengo!

No hay marcha atrás. Con lluvia y lo que sea, me subo a la bici, recorro los primeros metros –siempre los más difíciles- y poco a poco salgo de Ghaziabat. Los primeros kilómetros los recorro a gusto, sin sobresaltos, intentando disfrutar de esta experiencia única. Y durante los 10 días que voy a tardar en llegar a la frontera con Nepal voy a tener tiempo para cogerle el pulso a este enorme país y llegar a experimentarlo de una forma única.

El primer día recorro 105km. Y el primer sorprendido soy yo mismo pues mi idea era hacer 70/80 km. Llueve durante toda la mañana y estoy empapado desde el primer kilómetro. Hace tanto calor que he decidido no ponerme ni el chubasquero. Los indios son bastante cara largas. Me pasan con la moto, en coche,.. y me miran con cara de muy pocos amigos. Pero con los kilómetros descubro algo maravilloso. Si les regalo una de mis mejores sonrisas ellos me la devuelven con creces, de forma espontánea y sincera. ¡Me encanta! Se trata de algo que lo he comentado con muchos del país y me responden que aquí se tiene siempre mucho respeto a la gente que no se conoce, pues no se sabe de qué casta o condición son y por lo tanto suelen mantener una postura distante.

Para de llover y un hombre que va en moto con su mujer se coloca a mi lado y comenzamos a hablar. Le hablo de mi viaje y me cuenta la fábula de la tortuga y la liebre. Yo ya me la sabía pero le dejo que termine (…más majo!!) y continuamos así hasta que media hora después pasamos por un pueblo y me invita a tomar un té y comer unas samosas y pakoras vegetales.




La tarde se hace algo más pesada. Ha parado de llover y la ropa se va secando poco a poco. A media tarde otro chico en moto se pone a mi vera y comenzamos a hablar. Se trata de Minoj, que me invita a dormir en su casa de Muzzafarnagar. Será una de mis mejores noches en la India. Su familia, muy humilde, me recibe con los brazos abiertos. Me dejan impresionado por el afecto, el cariño, el respeto con el que me tratan. Comparten su cena conmigo y no me dejan colaborar con nada. En la casa además de insectos de todo tipo hay varios lagartos enormes por las paredes. Ellos me dicen que no hacen nada, que solamente comen insectos. Hago como que no me importa pero cuando a la noche me acuesto me alejo lo más que puedo de la pared. Manoj y su hermano pequeño hablan muy bien ingles y con un acento muy neutro así que nos entendemos perfectamente y podemos hablar de muchas costumbres de la India y de las cosas que a ambos nos interesan saber del otro.
Algo que veo que les preocupa mucho es la relación con la población musulmana de India. Según me cuentan representan el 20% de la población y según ellos están invadiendo el país. En Muzzafarnagar han levantado más de 50 mezquitas en los últimos años, se crean guetos y la llamada al rezo 5 veces al día les pone de los nervios. Siento un rechazo importante en su forma de hablar. También me desvelan algunos detalles de su cultura hindú, como por ejemplo que en la India tampoco se lleva lo de tener novi@. Tal vez incluso menos que en los países musulmanes. Aquí se conocen y van adelante con todo. (Y en Occidente lo que nos lo pensamos). Hay muchísimos matrimonios concertados por las familias. Y según me dice Minoj, en un matrimonio concertado cada día que pasa la pareja se quiere más. En un matrimonio por amor la pareja cada día que pasa se quiere menos. No puedo aguantarme la risa. Tiene su punto esa frase. Pero hay muchos peros. Yo le expuse los míos. Vosotr@s tendréis los vuestros ;-)
También es curioso que aquí no se acostumbra a que la pareja de recién casados se vayan a vivir juntos. Siempre se instalan con la familia de él o de ella. Todos bien juntitos, que la familia no se separe nunca. Costumbres de las que discutimos, aportamos nuestros puntos de vista y nos enriquecemos mutuamente.

Después de cenar me preguntan si me importa que vengan algunos amigos a conocerme y les digo que por supuesto que no me molesta. Pues bien, desde las 11 hasta casi las 2 de la mañana no paran de aparecer vecinos de todas partes. Entran, sonríen, me dan la mano, me hacen una foto y algunos se van y otros se quedan. Algunos me dicen que soy el primer extranjero con el que hablan. Y están encantados. Si os digo la verdad, yo también. Eso sí, les dejo bien claro que no todos los extranjeros tienen este culito respingón. Solo algunos afortunados nacemos así..

Al día siguiente desayuno con la familia y me llevan a conocer Muzzafarnagar. Su parque con miles de ardillas donde los niños juegan al cricket y se encuentra el centro de yoga. Luego me llevan al Centro comercial de la ciudad –les encanta, les da glamour ir a estos sitios y siento que para ellos es un lujo aunque para mi sea probablemente lo que menos me apetezca visitar- . A la una regresamos a casa, me invitan a comer y con la tripa llena me despido de la que sin duda alguna va a ser mi familia hindú de este viaje.




Me dirijo hacia Roorkee, donde tengo el contacto que me ha pasado mi vecino santurtziarra Igor Merino. Hace un calor tremendo y la humedad en el ambiente es increíble. Estoy totalmente empapado. Llego a Roorkee muy cansado pero el recibimiento vuelve a ser increíble. Azeem me tiene preparada una casita para mí solo. Me dice que descanse y que nos veamos más tarde ya que él vive con su familia a escasos metros. Azeem y su familia es musulmana y estoy en el barrio musulmán de la ciudad, así que va a ser una ocasión magnífica para saber cómo viven ellos la relación entre hindús y musulmanes. Después de descansar conozco a la familia y me llevan a cenar. Me cuentan que las confrontaciones entre ambas religiones están yendo a peor en los últimos años, que el actual primer ministro es prohindú y contrario a los musulmanes (dos días más tarde, India firmaría un acuerdo de colaboración con Israel) y que existe una “caza” al musulmán, que ya han matado a varios en el país, que tienen miedo de lo que les puedan hacer y que se sienten injustamente tratados ya que ellos son indi@s como l@s demás, que también lucharon en la independencia de la India y que tiene los mismos derechos que cualquier otro nativ@. Me encanta poder escuchar  ambas artes y sacar mis propias conclusiones.

Mi idea era continuar el viaje al día siguiente pero me piden que me quede un día más y no me hago derogar.  Me llevan a dar una vuelta en coche por los alrededores de la ciudad y acabamos en… un centro comercial!! Comemos, hacemos algunas compras y volvemos a Roorkee. Conozco a los amigos de Azeem, vamos a tomar unos tes, me lleva a la estación de tren –impresionante- y nos vamos a cenar.
Al día siguiente después de esperar varis horas a que pare de diluviar, nos despedimos. Me regalan una brújula preciosa y el recuerdo inolvidable de estos días con ellos.

Pongo rumbo a Dehradun. Cruzo un parque natural con 20km de pendientes. India es un país espectacular en cuanto a su naturaleza. Además de los Himalaya, alberga miles de kilómetros de reservas naturales y jungla. Son comunes las carreteras que cruzan estas zonas de vegetación extensa y en la que se pueden encontrar todo tipo de fauna. Incluido algún tipo en bicicleta.

El día es largo y muy duro. Ha llovido y hace muchísimo calor. Llego muy tarde a Dehradun, cuando está anocheciendo. Pregunto en varios guest houses pero todos están ocupados. Finalmente me quedo en un hostel. Salvado por los pelos porque no me apetecía nada estar con la bici de noche en una ciudad nueva. Ceno, lavo algo de ropa y a dormir.




Al día siguiente me dirijo hacia Risikesh, famosa ciudad considerada la cuna del Yoga. A ella acuden anualmente cientos de personas de todo el mundo para realizar cursos de varios meses. Decido quedarme un día de descanso, aprovechar para ver si se me quita un dolor de espalda que arrastro desde el día de ayer, pasear y visitar la ciudad. El lugar me gusta mucho, con un puente colgante que cruza el rio Ganges (nada que ver con el famosísimo puente colgante que estáis pensando tod@s), un templo hinduista enorme, y bueno, pues como en todos los sitios que hay turistas, un negocio enorme montado a sus expensas. Qué yuyu…







Marcho hacia Haridwar, ciudad santa donde el Ganges emerge de los Himalaya. Miles de peregrin@s acuden cada día a esta ciudad para bañarse en sus aguas y sentirse bendecidos y ya de paso para recoger agua que llevan de vuelta a su casa. Es una locura de sitio, con una estatua gigante de Shiva franqueando la ciudad, mirando hacia los Himalaya y con su tridente que simboliza la creación (Brahma), la conservación (Visnú) y la destrucción (Shiva). Como apunte, decios que Brahma es el único dios al que no personifican bajo apariencia humana y que los hinduistas tiene más de tres millones de dios@s. Aún así se dice que se trata de un religión monoteísta ya que tod@s son derivaciones de Brahma. Si os digo la verdad, de todas las religiones que estoy teniendo la oportunidad de conocer más de cerca, esta es la que más perdido me tiene.


Hay una muchedumbre bañándose en el Ganges, que viene con un caudal muy fuerte y con un color chocolate late que late debido principalmente al barro que trae consigo, eso es todo. Aquí no he visto ninguna cremación en la orilla del rio como el día anterior en Rishikesh o como se acostumbra hacer en Varanasi y otros tantos lugares de Inda y Nepal. Por eso mismo, no lo puedo evitar. Bajo a su orilla y como uno más, me quedo en gallumbos y me sumerjo en sus aguas. Toma chombito que me doy. Sí, soy un hombre nuevo. Es hora de irme a dar una ducha…







Al día siguiente pongo rumbo al fin hacia la frontera con Nepal. Me esperan 4 días de calor, lluvia, muchos kilómetros y los hostels y guest houses más guarros que nadie pueda imaginar. Sinceramente, si algún día algo acaba con la India, va a ser su propia mierda. Les va a acabar cubriendo y se van a dar cuenta cuando sea demasiado tarde. No he visto cosa igual.

Una de las pegas de la India es que hay gente en todos los lados. Acampar no es nada recomendable a excepción de la zona de los Himalayas, un poco más al norte de donde me encuentro. Es algo que día a día me fastidia más y más. Una de las cosas más preciosas de un viaje como este es el de acampar a tu bola, y aquí es imposible. Así que de hostel en hostel y eso es todo.






Llego a Nagiva, un pueblo en el que paso muy mala noche. Es un sitio muy chungo y escapo de allí a primera hora del día siguiente. Tras 140km (mi día más largo de pedaleo) llego a Rudrapur. Estoy destrozado, el día ha sido muy largo y solo tengo fuerzas para cenar y caer rendido. Al día siguiente llego a Khatima, a 20km de la frontera con Nepal y me sorprende no haber visto ni un solo cartel que indique la carretera a Nepal. ¿A que estoy yendo para otro lado? Pues no, compruebo mi mapa y estoy en el sitio adecuado. Algo que me encanta de la India es que los mangos y la fruta en general está baratísima. Un kilo de mangos vale poco más de 50 centimos de Euro. Así que durante el día suelo comer Mangos, plátanos, frutos secos… Luego la cena ya la hago en condiciones. Y por cierto, desde el 27 de Junio que entré en La India no he probado la carne de ningún tipo. Aquí no es muy apetecible, por lo menos para mí. Lo importante es que espero seguir así durante mucho tiempo, incluyendo mi vuelta a casa. Ahí lo dejo.

Así que mañana, día 10 de Julio entraré finalmente a Nepal. Aún me quedarán 700 km para llegar a Kathmandú y desde allí dirigirme a las escuelas de Lamagaun (NUWARKOT) y Bihi y Chumling (GORKHA), donde no podré llegar con la bici debido a los desprendimientos y cortes de carreteras que ha provocado el monzón. Sea como sea mi llegada, el recibimiento, y mi estancia en Nepal, os lo contaré en el próximo post.



¿No os lo vais a perder verdad?

NAMASTE

Eskerrik asko.

Besos y arroz con curry.