jueves, 31 de agosto de 2017

EL DESTINO FINAL: ESCUELAS DE NUWAKOT Y GORKHA.


ULTIMA ETAPA.-  ESCUELAS DE NUWAKOT Y GORKHA.

3 DE AGOSTO – 16 DE AGOSTO 2017

El día 3 de Agosto quedamos en Thamel con Alvaro, responsable de la Organización Hugging Nepal y responsable de las labores de reconstrucción de la escuela Lamagaun en el distrito de Nuwakot.

La carretera hacia Nuwakot está cortada así que debemos tomar una ruta alternativa para llegar a el pueblo más cercano a la escuela. El viaje es bastante entretenido debido al mal estado de la carretera, los precipicios que bordeamos en numerosas ocasiones y la gran pericia del conductor. Después de varias horas de viaje llegamos al pueblo. Media hora más tarde la escuela Lamagaun se presenta ante nosotros: Sus tres pabellones, su patio de tierra, la presencia lejana de los Himalaya, la neblina omnipresente, y la mejor señal de todas, un equipo trabajando.










Actualmente las tareas de reconstrucción están en pleno desarrollo. La  escuela cuenta con 3 pabellones (cada pabellón se compone de 2 aulas) que se encuentran en situaciones muy diferentes. El primero de ellos fue totalmente derruido por el terremoto y actualmente se está construyendo uno nuevo,esta vez con XXXX antisísmicas. El segundo de ellos hay que reforzarlo debido a las numerosas grietas que se formaron en sus paredes y al deterioro de su interior. El tercero está listo para su uso debido a que los efectos del terremoto no le causaron grandes daños, eso sí, actualmente se emplea como almacén para el  material de obra y habrá que vaciarlo antes de que en 10 días l@s menores regresen a la escuela tras las vacaciones por el Monzón.

Llegamos a la escuela y conocemos a todos los trabajadores y voluntari@s ocupad@s en las labores de reconstrucción. Se trata de un equipo coordinado por Alvaro y  XXXx un arquitecto catalán que trabaja de voluntario desde hace más de 6 meses. El resto del equipo se conforma por Paola y Bea dos arquitectas catalanas que se encuentran también colaborando como voluntarias y seis nepalíes especializados que trabajan con un sueldo mensual.  Tanto l@s voluntari@s como varios de los trabajadores nepalis duermen a escasos 200 metros de la escuela, en una zona acondicionada para ellos. Duermen en tiendas de campaña y las condiciones se alejan radicalmente de lo que sería un voluntariado cómodo y vacacional. Los requisitos que solicitan Hugging Nepal a l@s voluntari@s es que tengan conocimientos básicos o experiencia previa en labores de reconstrucción (aunque algunas veces también aceptan a gente con otro tipo de habilidades) y que vayan a estar un tiempo mínimo de un mes. También se les explica de antemano las condiciones del campamento y la forma de funcionar. Algo fundamental para evitar sorpresas y contratiempos.

















Sincerramente me ha emocionado conocer a este grupo de gente y  la forma de trabajar  de Hugging Nepal, del equipo con el que cuenta para llevar a cabo los objetivos que se fijan y de la forma de hacer realidad sus proyectos. Si queréis saber más información sobre todo lo relacionado a Lamagaun podéis visitar la pestaña PROYECTOS EN NEPAL en el Menú principal de este mismo Blog, y para estar al día de todo lo realizado por Hugging Nepal visitad la web www.huggingnepal.org o su página de facebook Hugging Nepal. Os van a encantar, ya lo veréis!!

Llega la hora de regresar a Kathmandú, despedirme de Jone y poner rumbo a la escuela de Chumling en el Distrito de Gorkha, el que es el destino final del proyecto "UNA PIZARRA PARA GORKHA". El día 6 de Agosto a las 5:00 a.m salgo de kathmandú. Tomo un autobús hasta Gorkha ciudad. Debido a que la carretera está cortada por los desprendimientos no puedo tomar otro autobús hasta Aarughat por lo que debo caminar 4 horas y quedarme a dormir en casa de Anil, un chico que conozco en la calle y  que me invita a conocer a su familia. Al día siguiente sigo el camino hasta Arughat y desde allí tomo otro autobús (tal vez lo más peligroso de todo el viaje) hasta Soti Khola. Desde aquí hasta la escuela de Chumling me esperan 5 días de caminata junto a Ang Tsering el que será mi guía por esta zona del Manaslu.




Durante los cinco días de camino hasta el valle de Chumling el Monzón quiere hacerse protagonista. Muchos caminos están cortados o totalmente destruidos a causa de los desprendimientos, lo que nos obliga a desviarnos y aumentar las horas de camino  de cada día. El primer día se hace muy duro. Nos pasamos más de diez horas caminando y nos encontramos varios problemas. Uno de ellos es que el Budhi Gandaki, rio que seguimos para adentrarnos en la zona del Manaslu, se ha desbordado y el camino ha quedado cortado. Tenemos que meternos en sus aguas hasta la cintura y hacer un tramo luchando contra la corriente.  El resto de los días debemos ser muy precavidos. Cruzamos zonas de desprendimientos y en más de una ocasión nos llueven piedras a escasos metros.  Hay que mirar tanto al camino que pisamos como a lo alto de las montañas. Hay momentos de mucha tensión y en más de una ocasión valoramos la opción de darnos la vuelta y cancelar el viaje a Chumling. Finalmente decidimos avanzar y día a día nos vamos acercando a la escuela. Dormimos en lodges que hay en la montaña. Esta zona no está tan preparada como la del Annapurna (zona que más visitantes recibe a lo largo del año).  El Manaslu sin embargo no es tan concurrido y se nota que los lodges y accesos están aún por explotar. Durante el viaje nos cruzamos con gente de la zona que se dirije a Kathmandu, algunos a comprar artículos para vender, otr@s para abastecerse de alimentos y otros utensilios y algun@s para hacer alguna visita médica en la ciudad. Se trata de un viaje de más de diez días y que deja patente lo duro que puede llegar a ser vivir en zonas tan alejadas del Himalaya.














El día 11 de Agosto llegamos finalmente a la escuela de Chumling. La niebla oculta el paisaje del valle. Los últimos kilómetros recorren un pendiente contínua que nos lleva directamente al pueblo de Chumling y desde allí nos toma solamente unos minutos llegar a la escuela.

Cuando llego l@s alumn@s están en clase y espero hasta el recreo para presentarme al profesor. Después de las presentaciones (no tengo que explicarle gran cosa ya que está totalmente al día de mi viaje). Me da la bienvenida con su recibimiento budista de ofrendas y  seguidamente me presento a l@s alumn@s. No quiero decirles nada sobre el dinero recaudado y todo lo que se ha conseguido hacer con él en la escuela. Quiero alejarme del prototipo de hombre/mujer extranjero que llega de la nada, da un dinerito y se va por donde ha venido.El protagonismo debe recaer en las organizaciones locales y en tod@s los voluntari@s que han colaborado en levantar la escuela. Así que a l@s alumn@s solamente les explico que he venido en bicicleta desde Euskadi hasta Nepal y esto da pie a hablar de los países y culturas que he conocido durante mi viaje. Las preguntas se suceden y cuando el ambiente empieza a decaer decidimos salir al patio jugar. Pasmos el día juntos hasta que a las 3 se acaba el horario de cole y todos deben acudir a casa a echar una mano con las labores domésticas.














La tarde la disfruto paseando por Chumling e intentando ser consciente de que he llegado a mi destino. Ya está?!. Tantos días intentando imaginarme este momento y ahora que lo he alcanzado una inmensa calma se apodera de mí. Había pensado que me pondría a llorar, que gritaría de rabia, que bailaría un aurresku interminable. Nada de eso me pide mi cuerpo. Solamente escucho la nada, miro las montañas que nos rodean, saludo y entablo breves conversaciones con los pocos habitantes con los que me cruzo. Estoy feliz y con no hacer nada me vale. El valle está en mitad de la nada, o mejor dicho, en mitad del todo. La naturaleza le rodea y es curioso intentar comprender lo que supone vivir en un lugar así.

Al día siguiente toca emprender el camino. El viaje de vuelta a Kathmandú está también teñido de caminos y paisajes preciosos y de momentos tensos y carreras contínuas. Las carreteras siguen cortadas (más tarde me enteraría que el Monzón ha provocado decenas de muertos en la zona de Chitwan y más al sur, en la frontera con India) y una vez que llegamos a Soti khola nos encontramos con que no hay autobuses para llegar a Gorkha. Tomamos un camión que se queda atascado en el camino y que abandonamos a media noche. Al día siguiente nos subimos a un tractor y tras varias horas en su remolque continuamos el camino a pie. Varias horas después llegamos finalmente a un carretera donde pasan autobuses para Gorkha. Cogemos uno de ellos y desde allí tomamos otro hacia Kathmandú. Toda una odisea. En el camino (que ha permanecido cortado varios días) nos cruzamos con coches sepultados por los desprendimientos de tierra de los días anteriores y con numerosas patrullas trabajando para mejorar la circulación. Y es que se trata de la principal carretera de todo Nepal y un corte supone un trastorno no solo para camioneros y autobuses sino para el país entero ya que es por esta ruta por donde llega la gran mayoría de alimentos y el resto de productos de primera necesidad.











No tengo tiempo para mucho. Nada más llegar a kathmandú me reúno con las integrantes de Ear care nepal. En la casa conozco a vari@s voluntari@s que vienen  a colaborar en la reconstrucción de un poblado en el distrito de Nuwakot. Compartimos impresiones, experiencias y un par de cervezas que nos entran de maravilla. Much@s de ell@s acaban de llegar a Nepal y toda información que comparto con ell@s la agradecen sinceramente.

Me acuesto tarde. Ahora que puedo relajarme, los recuerdos y los momentos especiales del viaje hacen su aparición. Al día siguiente, cuando me dirijo hacia el aeropuerto, con la bici en el techo del taxi y las alforjas a rebosar, una emoción conocida vuelve a hacer su presencia. Una tranquilidad inigualable. Es la calma de saber que se ha cerrado una etapa de mi vida. Ahora comenzará una nueva, la del regreso a casa, del reencuentro con la gente que quiero, de la toma de decisiones para mi futuro... Vendrán otro tipo de rutinas, otra calidad de vida, otras experiencias y diferentes formas de disfrutarlas.  Kilómetro a kilómetro aprenderé de ellas.
Pero no quiero saltarme ninguna etapa. Aún me queda un viaje de 34 horas para llegar a casa y también quiero intentar disfrutarlo. Tengo problemas para facturar la bici y finalmente debo para por exceso de equipaje. En Nepal no hacen la vista gorda como me ha sucedido en otros países. No me importa, subo al avión, luego cierro los ojos y me quedo dormido.


















1 comentario:

  1. Zorionak Gergori!!!!!
    Sin palabras nos has dejado, siguiendote has hecho fácil lo imposible, llegue a pensar que eras de Portugalete.
    Gracias

    ResponderEliminar