viernes, 18 de agosto de 2017

EN EL PAIS DE LAS NUBES. NAMASTE NEPAL.

Este viaje me ha regalado muchísimos días especiales, pero el día de hoy, 10 de Julio de 2017, tiene una connotación  especial. Tras muchos meses de viaje y miles de kilómetros a mis espaldas, hoy entraré en bicicleta a Nepal. Aún me quedarán muchos kilómetros para llegar a kathmandú pero cruzar la frontera entre India y Nepal va a ser sin duda algo que nunca olvidaré.
Abro bien lo ojos, ensancho el alma y me pongo en camino hacia la consecución de un sueño.

10 de JULIO –  21 de AGOSTO (NEPAL: BHIMDATTA - KATHMANDU) 820 KM
Salgo de Khatima, (última ciudad India antes de entrar a Nepal por su frontera Oeste)  tranquilo, que las prisas no son buenas. Los 20 kilómetros hasta la frontera los disfruto con la serenidad de estar culminando una etapa decisiva del viaje.
En la frontera, tras el trámite del sello de salida de India y el de entrada a Nepal, obtengo el visado.  Lo tengo, está en mi poder. Subo sobre Polaris y doy las primeras nepaladas.
Solo he recorrido varios kilómetros pero ya percibo varios cambios significativos. El silencio ha vuelto al viaje. La carretera es silenciosa, sin camiones que me piten por la espalda ni me soplen la nuca al pasar. Tampoco veo montañas de basura apiladas y la poca gente con la que me cruzo me sonríen tímidamente mientras me lanzan un “Namaste. Wellcome to Nepal” que me hacen sentir inmejorablemente bienvenido.



La primera noche me quedo cerca de la frontera. He decidido tomarme un día tranquilo y descansar lo acumulado en India. También debo cambiar dinero, comprar una tarjeta sim nepalí, poner al día a mi Polaris. En fin, una puesta a punto antes de continuar el viaje.



Los primeros días se suceden muy tranquilos. No madrugo en exceso, el camino es llano (pronto cambiará la película) y la simpatía de l@s nepalíes hace que pedalear por esta zona sea una maravilla. Recorro la carretera del Oeste- Este que cruza todo el Terai, la zona baja de Nepal, desde donde se ven las faldas de la cordillera del Himalaya. Esta zona está llena de arrozales, el sustento principal de sus habitantes. Además en la época de monzón toca sembrar, así que todos los campos están llenos de personas trabajando. Me cruzo constantemente con vacas, búfalos, cabras, monos que andan a sus anchas, sin la necesidad de que nadie les ordene donde tiene que ir. Los yaks son empleados en zonas de alta montaña así que por el momento me toca verlos en fotos.








Hay días enteros que los dedico a cruzar los parques nacionales más grandes del país entre ellos el de Shulaphanta, Banke y el de Chitwan. Una experiencia maravillosa pedalear durante un día entero en la jungla. Un silencio absoluto que a menudo se rompe con los gritos de algún animal con ganas de darme un susto o con el de alguna moto que me adelantan en un pis pas. Todo el mundo me desaconseja dormir con la tienda de campaña en la jungla así que suelo quedarme en lodges, casas de familias nepalesas que alquilan alguna habitación de la casa. Buena oportunidad para vivir más de cerca su estilo de vida y charlar con ellos sobre asuntos de su día a día. Bueno, realmente la gran mayoría de la gente de esta zona no habla inglés. Normalmente hace de traductor el hij@ pequeñ@ de la familia, que va al colegio y está aprendiendo inglés. Es graciosísimo ver cómo un moco de 8, 9 años traduce a sus padres lo que voy diciendo y a la inversa. Para él supone una motivación muy grande, pues comprueba que lo que estudia en el colegio finalmente tiene un uso práctico. Me alegra servir de motivación.
La situación en la capital, kathmandú y en Phokara y las zonas de trekkings es totalmente distinta, ya que allí la fuente de ingresos proviene de los turistas y por lo tanto la mayoría de familias chapurrean al menos un inglés decente. Esta zona es diferente y a mí esto me encanta. Estar 12 días pedaleando por Nepal y no encontrarme con ningún otro occidental me encanta! Lo sé, cuando viajo a mi bola soy un poco radical con el tema turistas. No quiero ver a ningun@ (Si no viaja en bici, claro!!). Es lo que hay.  



Los días pasan poco a poco. A mitad del recorrido decido desviarme de la ruta y dirigirme hacia Lumbini, lugar de nacimiento de Siddarta Gautama Buda. Más que un pueblo se trata de un par de calles con varios lodges y un recinto enorme donde se encuentran el lugar de nacimiento de Buda, un estanque sagrado y muchos templos de algunos países (Shri Lanka, Mianmaar,…) donde acuden sus ciudadan@s a realizar retiros espirituales y meditaciones. El lugar encierra un ambiente muy especial, muy místico y disfruto el día recorriendo algunos de sus rincones.










Tomo nuevamente rumbo a Kathmandu y una duda se cierne sobre mi camino. El monzón ha producido como cada año numerosos corrimientos de tierra en las zonas altas. Por ahora me salvo pero para llegar a Kathmandú tendré que tomar alguna de estas carreteras y a día de hoy las noticias no son buenas. Intento no darle muchas vueltas al asunto pero es inevitable sentirme algo inquieto.
Durante los días en bici, siempre que paro en algún sitio a descansar entablo alguna conversación interesante. Cuando me preguntan de dónde vengo, suelo decirles que de New Delhi, y aún así la mayoría no me cree. Eso sí, cuando les digo que voy a kathmandú en bici, se produce el estallido de risas, llamadas a amigos y comentarios que no entiendo. Según me explican ellos mismos, los nepalis (lo mismo que en la india) se consideran bastante vaguetes. No entienden cómo me puede gustar “cansarme” en una bici (Les intento explicar el gusto de avanzar poco a poco, de sentirlo todo más plenamente, de hacer ejercicio, de tomarme el tiempo para conocer a la gente de los lugares por los que cruzo…  Pues eso, que se lo intento explicar pero no convenzo a nadie). Por lo que me cuentan, no les gusta aquello que signifique desgaste físico y por eso mismo, me comentan que no son muy buenos jugando al futbol O les llega el balón a los pies o no corre nadie.  Yo creo que exageran. He conocido mucha gente muy currela en Nepal, empezando por los porteadores y pasando por l@s que trabajan en los campos o atendiendo negocios que han levantado de la nada, como he podido comprobar estos días.
Uno de los días, paro  a descansar y comer algo. Me preguntan mi nombre y la casta a la que pertenezco. Les explico que no tengo casta, que nos vale con nuestros nombres y apellidos. Ellos se sorprenden y afirman que entonces todos somos iguales. "Pues sí, no tenemos castas, todos somos iguales", les respondo. Se quedan extrañados y parece gustarles la idea "wowww, tod@s iguales..". Cuando un rato más tarde, ya sobre Polaris, vuelvo a pensar lo que he dicho, me doy cuenta de lo equivocado que he estado. ¿Qué no tenemos castas? Claro que las tenemos. Clase alta, media y baja. Nos parecerán pocas... Castas económicas que son en un segundo plano lo mismo que las indias o nepalis. Grupos sociales con realidades totalmente diferenciadas, cada vez más alejadas entre sí y con menos puntos de encuentro entre ellas. Lo preocupante es que aquí casi nos han convencido que no es así, que todos tenemos los mismo derechos, que los pobres son los indios y nepalis con su injusto sistema de castas.

Depués de 3 días llego a Gaindakot, pueblo donde tengo la idea de desviarme y tomar la carretera hacia Kathmandu. Deberé seguir la orilla del rio Trishuli y subir un puerto de 1600m. Nada más llegar al pueblo se viene abajo el plan. El rio está desbordado y hay numerosos desprendimientos. Va  ser imposible tomar ese camino. Pregunto sobre la otra carretera, la que sube desde Hetaula. Me comentan que está mejor aunque es más dura ya que hay un puerto de 2000 y otro 1900m. Pero no tengo otra opción.
Al día siguiente recorro los 80 km que me separan de Hetaula. Paso allí la noche y pregunto sobre la carretera. Me dicen que hay algunos vehículos que están llegando desde Kathmandu pero que hay tramos complicados. Decido probar. La previsión del tiempo es malísima, con tormentas para todo el día, lo que hace que pase una noche algo movidita.




 A la mañana siguiente el Universo me sonríe y me da unas horas de sol.  A las 8 estoy de camino. Los primeros kilómetros son suaves pero repentinamente todo se complica. Pendientes de más del 20% hacen que tenga que poner el pie sobre las piedras del camino más de una vez y empujar a Polaris algunos tramos. En una parada que hago varias horas después me como 3 huevos cocidos que llevo en las alforjas, un kilo de mangos, 4 plátanos, un litro de sprite y otro de agua. Y aún me quedo como a medias. Sigo adelante. El camino es durísimo y por si fuera poco una tormenta estalla de repente. Un aguacero me cubre durante cerca de una hora y la niebla me impide ver el camino. Poco antes de llegar a la cumbre un último descanso. He subido en cuestión de horas desde los 500 m hasta los 2000m. Pero ha sido precioso. Ahora me toca un merecido descenso. Decido dejar para el día siguiente la llegada a kathmandu y por lo tanto el último día del viaje en bicicleta. Encuentro un sitio donde poner la tienda de campaña y paso la tarde con la gente que para en un pequeño restaurante de montaña cerca de donde estoy. A las 8 estoy en el saco pero me despierto muy pronto y me cuesta conciliar el sueño de nuevo. Muchos pensamientos invaden mi descanso, muchos recuerdos del viaje aparecen de repente, muchas de las personas que he conocido estos meses quieren saludarme a estas intempestivas horas de la noche.

A las 7 ya estoy de camino. Las primeras pendientes son durísimas. Encuentro varios tramos cortados que tengo que sortear. Siempre junto a brechas y  acantilados. La carretera parece que se suaviza y comienzo a disfrutar del día. Pero nuevamente la lluvia torrencial hace su presencia. Comienzo la bajada hacia el valle de kathmandu y las pastillas de los vbrake se han desgastado completamente con el agua, lo que me hace descender con muchísimo cuidado.









Finalmente diviso el valle de kathmandu. No me lo creo, allí a lo lejos se encuentra mi destino. Se me hace largísimo llegar a kathmandu. El valle es precioso, con numerosos templos budistas, pero la carretera está fatal. Barro por todos lados, camiones atascados, tráfico, caos. Polaris y yo estamos de barro hasta arriba y a pesar de querer disfrutar de estas últimas horas de viaje el cansancio y el estado de la carretera a veces nos lo impiden. Finalmente llegamos a Patán, barrio donde he quedado con Milan, la responsable de “Ear care Nepal”, lugar donde me quedaré estos primeros días.
El recibimiento sobrepasa mis expectativas. Una comisión me recibe con el ritual hinduista. La mancha Bindi en la frente, las ofrendas de bienvenida, el huevo y la sardina en la mano, los 3 chupitos de licor de arroz… Pronto me encuentro con un platazo de comida casera y ahí dejo de hablar durante un rato. Tengo un hambre atroz y lo primero es lo primero.














Cuando la casa se tranquiliza y me quedo solo, me doy mi tiempo para saborear el momento. Estos han sido mis últimos kilometros del viaje en bici. Compañera Polaris, gracias por todos estos meses de tan buena compañía. Ahora me toca llegar hasta las escuelas de Gorkha y Nuwakot a pie. Las carreteras están cortadas debido a que se encuentran en lugares muy montañosos y es completamente imposible acceder  ellas en bici. Igualmente el trekking hasta estas escuelas va a ser espectacular. Seguramente sea muy exigente y pasado por agua pero eso no me va a echar atrás ahora que ya estoy aquí.

Además ahora me vienen unos días de descanso y buena compañía. Después de varios días de aclimatamiento en kathmandu recibo la visita de Jone, que viene  a conocer Nepal y a disfrutar de casi dos semanas junt@s. Disfrutamos de 3 visitando los lugares más emblemáticos de la capìtal nepalí  (Swayanbunath, bodanath, pasupatinah, Baktapur,...).


























Después de unos días en kathmandú nos dirigimos a Pokhara para hacer dentro del Área de conservación del Annapurna el trekking del Poon Hill. Tenemos solamente 4 días así que descartamos ir a Mustang o al Campamento Base del Annapurna. Igualmente durante los días del trekking disfrutamos de las caminatas, de la gente tan especial que conocemos en el camino, de la lluvia, de las sanguijuelas, los logdes, las agujetas y todo lo que el Himalaya nos ofrece cada día. Y es que.....ESTAMOS EN EL HIMALAYA!!!!!!

















Los últimos días en bici se me hicieron demasiado largos debido al peso acumulado de la soledad. Estos días en cambio estoy feliz de poder disfrutar de este entorno inigualable y de la mejor compañía. Regresamos a Kathmandú y al día siguiente quedamos con Álvaro, responsable de Hugging Nepal, una de las asociaciones con las que "UNA PIZARRA PARA GORKHA" ha colaborado en la reconstrucción de la escuela Lamagaun, en el distrito de Nuwakot.
Pero eso os lo cuento en el próximo post, que os lo escribo estos mismos días. Ya mismo!!















































3 comentarios:

  1. Buenas:
    Muchas gracias de verdad por tus escritos son geniales. Te espero en la próxima exposición.
    Pepe

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  2. Zorionak Gergori!!!!
    Muchos días sin saber de ti, nos alegramos mucho de que estés bien, sigue disfrutando y contagiando tus alegrías y emociones.
    Ondo izan!!!!

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  3. Hola Gergory.
    Lo primero, ZORIONAK!!!! has cumplido tu sueño.
    Y lo segundo, ESKERRIK ASKO!!! por hacernos participes de él.
    Ha sido muy emocionante seguirte y he disfrutado y sentido muchas cosas con tu viaje.
    Nos vemos por SANTURTZI y nos lo cuentas en persona.
    Un abrazo para ti y otro para Polaris.

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